Suiza 1966_6

publicado en: HISTORIA PERSONAL | 2

Se ve que cuando mis padres y también Heri conocieron en verano a Mari Carmen, futura esposa de Pepe Garrido, algún encargo quedó pendiente, por lo que ella le envió una postal a mi madre con algunas preguntas de algo que había que confeccionar, o encargar, no me queda muy claro. Pero consideraría la postal importante, bien por lo que preguntaba o bien por la persona que la enviaba, el caso es que la guardó siempre.

Lo que si llegaba era la Nochebuena y, como ya era habitual allí nos reuníamos todos los que podíamos y querían estar juntos para disfrutar de esas fechas tan entrañables, y nosotros éramos los que mejor lo pasábamos, con tantos regalos que no nos dejaban verlos hasta que era de madrugada. Por aquellos años, nos acostábamos muy temprano, a eso de las 9 de la noche, como mucho, y después los adultos hacían algunos ruidos para que, en el caso de no estar dormidos, que era lo más habitual con tanto nerviosismo, nos creyéramos que era San Nicolás con el trineo y los renos.

Muchas veces se quedaba a dormir María Luisa, la hija de Antonia y Vicente, que era la amiguita de mi hermana, y ella también recibía sus regalos. Por supuesto, los adultos no se quedaban atrás, y además disfrutaban yo creo que más que nosotros.

Y cuando llegó Fin de Año, se celebró una fiesta en el Centro Español, con todos los españoles. Hubo muchas guirnaldas, supongo que confeti, disfraces y bailes, y mucho cachondeo, como se puede ver. Aunque después, no sé si ese mismo día o cuando, volvimos a celebrar en familia y con los amigos la Nochevieja, que por repetir no pasaba nada.

Y al día siguiente, junto con más gente, se hizo una comida de Año Nuevo que, aun no lo sabíamos, pero iban a ser nuestras últimas fiestas navideñas en el chalet.

Y esas reuniones, que ya habían ido menguando de contertulios y comensales, pues ya se habían casado o marchado algunos de los que yo llamo “pioneros del chalet”, las íbamos a echar de menos durante mucho tiempo, pero eso aún no lo sabíamos, aunque seguramente los mayores ya tendrían alguna información por parte de la empresa, al menos mis padres.

Suiza 1964_5

publicado en: HISTORIA PERSONAL | 1

Empezaba a empeorar el tiempo, cosa poco extraña en Zug, que se encontraba rodeada de montañas, con lo cual si el viento venía del sur traía el frío de los Alpes, y si venía del norte, el frío de las zonas árticas, así que normalmente a partir de finales de agosto o primeros de septiembre había que tener a mano el abrigo, gorros y bufandas.

Como ya he contado, por el chalet pasaron muchas personas que abandonaron el Chalet e incluso la ciudad de Zug, bien para formar su propia familia, bien para volver a España, o para buscar otros lugares donde mejorar sus expectativas laborales. Pero siempre se acordaban de sus antiguos compañeros, yo creo que con un poco de nostalgia, pero la vida continuaba para todos, y nos enviaban alguna postal para contarnos donde estaban y como les iba.

Y, por fin, a finales de Octubre, nació Julia, la primera hija de la familia Flores, cuyos padrinos iban a ser sus tíos de Sevilla, pero como no pudieron ir a Suiza para la ceremonia, su lugar lo ocuparon Heriberto y Manuela, y así aparecen en estas fotos. Después se celebró una fiesta con muchísima gente, por ahí veo a mis padres, Carmeli y Else, Ricardo, Andrés, Rafael Dávila, Dolores Villanueva y su hija María José, Heri, Manuela, Noni, y hasta Carlos, el suizo-español, jefe de la sección de todos ellos en Landis&Gyr. Y nosotros tres siempre en medio, cómo nos lo íbamos a perder.

Algunos se disfrazaron para hacer un poco “el indio”, como podemos ver a Rafael Dávila, Ricardo y mi madre. No perdían ocasión para disfrutar.

Y pronto llegaron las nieves, porque no todos los años nevó en noviembre, algunos hubo que esperar casi hasta Navidad, si bien después hubo nieve hasta Abril incluso. Así que aprovechamos para subir con la “Seilbahn”, el trenecito que subía al Zugerberg casi por la fuerza del peso, pues se trata de 2 vagones unidos por un cable de acero, el cual se mueve fundamentalmente con el peso del tren que baja y con una pequeña ayuda de un motor, para compensar las diferencias de peso.

Y aunque ha cambiado varias veces el tren, pasando de este rojo de madera al gris metálico moderno actual, sigue funcionando igual. Y ya en lo alto del monte, a disfrutar de la nieve como buenamente se podía, sobre todo si el día era soleado.