Empezaba a empeorar el tiempo, cosa poco extraña en Zug, que se encontraba rodeada de montañas, con lo cual si el viento venía del sur traía el frío de los Alpes, y si venía del norte, el frío de las zonas árticas, así que normalmente a partir de finales de agosto o primeros de septiembre había que tener a mano el abrigo, gorros y bufandas.
Como ya he contado, por el chalet pasaron muchas personas que abandonaron el Chalet e incluso la ciudad de Zug, bien para formar su propia familia, bien para volver a España, o para buscar otros lugares donde mejorar sus expectativas laborales. Pero siempre se acordaban de sus antiguos compañeros, yo creo que con un poco de nostalgia, pero la vida continuaba para todos, y nos enviaban alguna postal para contarnos donde estaban y como les iba.
Y, por fin, a finales de Octubre, nació Julia, la primera hija de la familia Flores, cuyos padrinos iban a ser sus tíos de Sevilla, pero como no pudieron ir a Suiza para la ceremonia, su lugar lo ocuparon Heriberto y Manuela, y así aparecen en estas fotos. Después se celebró una fiesta con muchísima gente, por ahí veo a mis padres, Carmeli y Else, Ricardo, Andrés, Rafael Dávila, Dolores Villanueva y su hija María José, Heri, Manuela, Noni, y hasta Carlos, el suizo-español, jefe de la sección de todos ellos en Landis&Gyr. Y nosotros tres siempre en medio, cómo nos lo íbamos a perder.
Algunos se disfrazaron para hacer un poco “el indio”, como podemos ver a Rafael Dávila, Ricardo y mi madre. No perdían ocasión para disfrutar.
Y pronto llegaron las nieves, porque no todos los años nevó en noviembre, algunos hubo que esperar casi hasta Navidad, si bien después hubo nieve hasta Abril incluso. Así que aprovechamos para subir con la “Seilbahn”, el trenecito que subía al Zugerberg casi por la fuerza del peso, pues se trata de 2 vagones unidos por un cable de acero, el cual se mueve fundamentalmente con el peso del tren que baja y con una pequeña ayuda de un motor, para compensar las diferencias de peso.
Y aunque ha cambiado varias veces el tren, pasando de este rojo de madera al gris metálico moderno actual, sigue funcionando igual. Y ya en lo alto del monte, a disfrutar de la nieve como buenamente se podía, sobre todo si el día era soleado.





























