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A principios de Abril, la familia Garrido, con Noni y los hermanos Heri y Manuela, se dieron una escapada al norte de Italia y se llevaron a mi tía Ana con ellos, y desde Milán nos enviaron una postal de recuerdo de ese viaje corto. Se ve que mi tía Ana no se perdía una ocasión para conocer sitios nuevos.

Ese mes de abril también hizo la comunión Begoña, hija de Eugenio y Carmen, que vivían en el bloque de al lado, lo que ya no recuerdo es en qué Iglesia o Capilla, porque la nueva Iglesia de San Juan se estaba terminando de construir, pero no se había inaugurado aún. Posiblemente fuera en la misma capilla de la Letzistrasse donde la hizo mi hermana.

A mi hermano Jorge lo manejábamos como si fuera un muñeco, pasando de unos brazos a otros, mientras se celebraba el cumpleaños de mi hermana Eva, rodeada de algunas de sus amigas de colegio y también algunas vecinas con las que tenía amistad. El pequeño se ve que disfrutaba pasar de unos brazos a otros, porque se le ve bastante feliz y sonriente siempre, bien con su madrina, mirando a mi padre, o al periquito que había en la jaula, a hombros de su padrino, y sino con sus tres hermanos.

Ese mes también nació César Fernández, hijo pequeño de Oscar y Elena, nuestros vecinos del mismo bloque, y los pusieron a los dos juntos, a ver qué hacían, pero como eran tan pequeños ni se inmutaron.

En algún momento de esa primavera, la familia Flores se acercó a donde había estado el Chalet e hizo una foto donde se pueden ver los 2 bloques que terminaron en 1967 y ya ningún rastro ni de la vaquería ni del por nosotros llamado Chalet Fridbach. Una pena, pero así es la vida.

A finales de Mayo volvimos de nuevo a Mainau para que mi tía Ana también viera aquel entorno tan maravilloso, que de hecho es el mejor mes para ir allí, pues casi todas las flores están en su mejor momento, y la visión de tanta variedad y colorido es impresionante. Y desde allí envió una postal a mi abuela.

Y yo, ese año, había terminado Primaria y después del correspondiente examen final donde se decidía qué camino tomaba cada uno a partir de ese instante, es decir, si hacía unos estudios básicos (Abschluss), medio (Sekundar) o superiores (Kantonsschule), me incorporé a partir de finales de abril en el nuevo colegio de Loreto, una estructura moderna, de hormigón, con pistas de deporte y piscina cubierta, climatizada por supuesto. El sistema de notas en Suiza iba de 1 (suspenso) a 6 (muy bien), y las notas eran: hasta 3,9 se iba a Abschluss, de 4 a 4,7 a Sekundar, 4,8 y 4,9 daban opción de un nuevo examen para alcanzar el nivel Kantonsschule, que requería mínimo un 5 o más. Yo obtuve un 4,8, pero no me enteré hasta finalizar el primer trimestre, así que hice Sekundarschule, y como era habitual, nos hicieron la correspondiente foto de grupo, donde yo, por enfermedad, no aparezco, pero esa era mi clase, y con las fotos de carnet que nos dieron, también la mía, tengo un mini-álbum de todos ellos, con sus nombres y apellidos, que sigo conservando.

Por mis buenas notas, Heri me regaló una bici de carrera, con lo que a partir de entonces tuve 2 bicicletas, una para ir al colegio, y otra para hacer recorridos por ahí.

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Como ya había contado antes, llegaron nuevos curas para celebrar misa y con nosotros se quedó Juan Garrido que, en este caso, no solamente ofició misa en San Miguel para los emigrantes españoles, sino que por un tema de salud del padre Schai, se quedó con nosotros más tiempo de lo habitual.

El caso es que el padre Schai había enfermado de las vías respiratorias, no sé incluso si fue tuberculosis, los mayores lo sabrán mejor, pero el caso es que se trasladó a un centro especializado en Davos, y nos dejó a todos preocupados, mayormente a los adultos que estaban al tanto de su enfermedad, no tanto nosotros los niños, por razones obvias.

Como él siempre se había ocupado y preocupado por todos los españoles, y lo seguiría haciendo toda su vida, que menos que visitarlo y ver como se encontraba. Así que nos desplazamos en grupo a Davos, y aunque ya era finales de Abril seguía habiendo bastante nieve, pues es una zona de alta montaña, para deportes de invierno, y para nosotros era también un lugar nuevo que visitar. Allí pudimos pasear por medio de bosques nevados, con riachuelos congelados, y donde pudimos ver a muchas ardillas y, de hecho, una le mordió a Manuela en el dedo cuando le fue a dar una nuez. Echamos un buen día en un sitio que no recuerdo haber visitado más adelante, estando aún en Suiza, supongo que si hoy es un lugar elitista, entonces tampoco sería muy barato.

Y aprovechando el buen tiempo que empezó a hacer a principios de mayo tanto en Zug como en otros sitios menos montañosos, los hermanos Garrido se fueron a Zurich junto con Heri, para echar un día soleado, paseando tranquilamente por los alrededores del lago.

En cuanto al chalet, mis padres no quisieron nunca volver allí y mucho menos ver aquella casa que tantos recuerdos despertaba, derruida como en algún momento iba a suceder. El que si se acercó un día fue Heri, que cogió el coche y se llevó a mi hermana para hacer una última visita al chalet y ver cómo había quedado aquello, con el nuevo edificio ya terminado y el chalet cerrado, temiendo que lo hubieran derribado, cosa que nadie quiso ver nunca y menos fotografiar.

Esta es la última foto que tenemos del chalet, si bien Flores tiene algunas fotos más, pero nunca del derribo, si de cuando posteriormente yo no existía. Yo si he ido años después varias veces y he ido viendo como todo ha ido cambiando en aquella zona, y siempre me ha quedado una sensación de que algo se estropeó allí, pero eso son recuerdos infantiles.