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Como ya había contado antes, llegaron nuevos curas para celebrar misa y con nosotros se quedó Juan Garrido que, en este caso, no solamente ofició misa en San Miguel para los emigrantes españoles, sino que por un tema de salud del padre Schai, se quedó con nosotros más tiempo de lo habitual.

El caso es que el padre Schai había enfermado de las vías respiratorias, no sé incluso si fue tuberculosis, los mayores lo sabrán mejor, pero el caso es que se trasladó a un centro especializado en Davos, y nos dejó a todos preocupados, mayormente a los adultos que estaban al tanto de su enfermedad, no tanto nosotros los niños, por razones obvias.

Como él siempre se había ocupado y preocupado por todos los españoles, y lo seguiría haciendo toda su vida, que menos que visitarlo y ver como se encontraba. Así que nos desplazamos en grupo a Davos, y aunque ya era finales de Abril seguía habiendo bastante nieve, pues es una zona de alta montaña, para deportes de invierno, y para nosotros era también un lugar nuevo que visitar. Allí pudimos pasear por medio de bosques nevados, con riachuelos congelados, y donde pudimos ver a muchas ardillas y, de hecho, una le mordió a Manuela en el dedo cuando le fue a dar una nuez. Echamos un buen día en un sitio que no recuerdo haber visitado más adelante, estando aún en Suiza, supongo que si hoy es un lugar elitista, entonces tampoco sería muy barato.

Y aprovechando el buen tiempo que empezó a hacer a principios de mayo tanto en Zug como en otros sitios menos montañosos, los hermanos Garrido se fueron a Zurich junto con Heri, para echar un día soleado, paseando tranquilamente por los alrededores del lago.

En cuanto al chalet, mis padres no quisieron nunca volver allí y mucho menos ver aquella casa que tantos recuerdos despertaba, derruida como en algún momento iba a suceder. El que si se acercó un día fue Heri, que cogió el coche y se llevó a mi hermana para hacer una última visita al chalet y ver cómo había quedado aquello, con el nuevo edificio ya terminado y el chalet cerrado, temiendo que lo hubieran derribado, cosa que nadie quiso ver nunca y menos fotografiar.

Esta es la última foto que tenemos del chalet, si bien Flores tiene algunas fotos más, pero nunca del derribo, si de cuando posteriormente yo no existía. Yo si he ido años después varias veces y he ido viendo como todo ha ido cambiando en aquella zona, y siempre me ha quedado una sensación de que algo se estropeó allí, pero eso son recuerdos infantiles.

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Aunque los mayores ya lo sabían, nosotros los pequeños no teníamos ni idea de que quedaba poco tiempo en el chalet. Y por eso mismo, estas fotos tienen una gran importancia para todos nosotros, en especial nuestra familia y los pocos habitantes que ya quedaban allí, que éramos nosotros, los hermanos Garrido y Manuela y Heri. No sé si por aquella fechas aún quedaban mas “habitantes”, pero no hay constancia gráfica de ello, así que me imagino que ya no los había.

Así que, con los que iban quedando, había que aprovechar cualquier circunstancia para celebrar y estar juntos, como fue el día de San José, día del padre, donde nos acompañaron también Flores y Julia.

Mis padres habían comprado en esas fechas algunos muebles, porque adonde íbamos la vivienda estaba casi vacía, sin muebles, ni camas, como sí las hubo en el chalet, y aunque la mayor parte esperaron a que ya estuviéramos en el nuevo hogar, sí se hizo uso de la mesa de cocina de color rojo, mesa que ha perdurado hasta hoy en perfecto estado. Se ve que las cosas antes se hacían a conciencia para que duraran y si, además, se les daba buen trato, pues podían durante decenas de años.

Como ya era habitual para Semana Santa, llegaron algunos sacerdotes para celebrar misas en Zug y también en otras poblaciones, y muchos pasaban por el chalet, como fue el caso de Juan Garrido y también otros como Amador, que vemos aquí interpretando algún canto de misa. Aunque este año la visita de no fue solamente por esta habitual y acostumbrada razón, sino también por enfermedad del padre Schai, que contaré más adelante.

Y a primeros de Abril, concretamente el día 2, mi curso celebró la Primera Comunión, celebración que se hizo en la iglesia de San Miguel, y la fiesta posterior se llevó a cabo en el Centro Español y hay varias curiosidades. La primera es que la hija de Julio Calvo, Marí Carmen, también celebró su Primera Comunión, así que la celebramos juntos en el Centro Español. La segunda que mi madre aún estaba con paperas, y así se le ve tan “rellenita” de cara. La tercera que Eugenio Antón que era quien llevaba en aquellas fechas el Centro Español no pudo asistir porque en esas fechas nació su hijo Eugenio, y, por último, y para mí lo que más recuerdo, aunque posiblemente no fuera exactamente así, pero así lo recuerdo yo, salí por última vez del chalet vestido para la comunión, pero ya no volví allí, sino al nuevo domicilio, en la calle Arbach, que pertenecía a Baar, ya no a Zug. Como últimas curiosidades, la última postal al chalet, de José Luis, y la primera a Arbach, de Julia.