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No sé a quien despedimos, sería alguna amistad que tomaba el avión de Swissair en Zurich, porque no recuerdo que nadie de la familia hiciera algún viaje en septiembre, o sencillamente fue alguna de nuestras excursiones, ya se sabe, porque antes se podía uno llegar a la terraza del aeropuerto de Kloten para ver los aviones salir y llegar, pero el caso es que fuimos todos en modo excursión, y la verdad es que mi madre y mis hermanos mayores parecen artistas con ese aire y esa ropa tan blanca, todos a la moda.

En agosto había nacido el primer hijo del matrimonio de Noni Garrido y Beatriz, su hijo Marco, y en septiembre se celebró su bautismo que, por supuesto, oficio el padre Schai. Lo que no recuerdo es donde se celebró, aunque me inclino porque fuera en la iglesia de Baar y la celebración en donde se solía reunir la AFEZ. El caso es que pocos meses después, a finales de año, la familia se volvió a España, a Sevilla, donde ellos ya tenían vivienda y donde Noni continuó trabajando en la delegación de la Landis&Gyr hasta su jubilación. Y ya allí, nacería su hija Beatriz.

Por esas fechas, aparte de mi cumpleaños, que por supuesto se celebró con muchas amistades, y donde mi padre aprovechó para dar un buen corte a una sandía que se había traído de España, también se solía celebrar unos campeonatos de futbol en campo pequeño, y allí me llevé a mi hermano Jorge junto con 2 amigos suyos españoles, que vestían la equipación de la selección española.

Yo ya había comenzado mi formación en la Verzinkerei, que consistía en pasar por varios departamentos donde realizaba tareas administrativas para ir conociendo por un lado a que se dedicaba la empresa y por otro lado a realizar algún tipo de trabajo administrativo o comercial, y además durante 1 día y medio tenía que asistir a la Escuela de Comercio, de la cual tenía el correspondiente carnet para poder entrar en el mismo. En aquel entonces estaba relativamente cerca de la fábrica, en la Industriestrasse.

Los niños españoles seguíamos acudiendo a lo que llamábamos el Colegio Español, que se llevaba a cabo los sábados por la tarde en un pabellón que había en la Hofstrasse, que durante la semana era un colegio suizo, con su pabellón deportivo, y ahí con el profesor Pablo comencé a prepararme para obtener el título de Graduado Escolar.

Durante ese año, una de las cosas obligatorias era asistir a clases de francés, para perfeccionar el idioma, que es  uno de los idiomas oficiales de Suiza, y que lamentablemente solamente soy capaz de escribir y leer, pero no de hablar fluidamente, por falta de práctica, pues posteriormente me centré más en el inglés, pero no lo he olvidado. Y al poco de comenzar mis estudios laborales, me hicieron un tipo de test que servía para determinar las capacidades y eventualmente reorientar laboralmente a la persona. No recuerdo hoy lo que significan los diferentes conceptos, pero ahí lo pongo.

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No quiero olvidar un hecho que a la larga tendría bastante influencia en nuestro futuro, y es el recuerdo de que por aquellas fechas mi madre ya había empezado a tener problemas de reuma, y su médico de cabecera, el querido Dr. Rösli, de Oberwil, les aconsejó un especialista en Zurich y así fuimos varias veces a Zurich a acompañarla, pero a nosotros nos sirvieron para ir al cine a ver películas de Disney, ir al Jelmoli, etc. A ella le ponían unas inyecciones especiales, que le ayudaban y aliviaban sus molestías, pero todos los médicos le decían que el clima suizo era el peor para ella, y seguramente al percatarse que era española, le aconsejarían que para su enfermedad el mejor clima era el español, y mucho mejor el de Sevilla, de interior, que el de Málaga, en costa y con humedad. En fín, algo influiría en las decisiones que tomaron.

Y otro que tampoco olvido es que en mi clase había algún que otro elemento al que yo no le caía bien, bien por ser extranjero, bien porque era más bien tímido, el caso es que un día en el gimnasio de Loreto, y tras dejar todos los alumnos, como siempre, los relojes en un rincón, al ir a recuperar el mio, alguien había rayado con una cruz el cristal de mi reloj, que además no era suizo, sino japonés, que lo habían comprado mis padres en España. Y aunque el profesor intentó averiguar quién había sido, o mas bien, que lo confesara, porque asi todos sabíamos quien había podido ser, no lo consiguió, y aunque me fastidió mucho el reloj, aquello no me llegó a afectar demasiado, sobre todo porque tenía algún que otro amigo que si me apoyaba, además de mi amigo de siempre Walter Saxer.

Y llegaron las fiestas navideñas, que se volvieron a celebrar con todos los que por allí andaban, la familia Flores, Heri y Manuela, la familia Garrido y, por primera vez, Jerónimo Barroso, que vivía en Oberwil, vecino de Flores y Julia, junto con su esposa Beatriz, y también la hermana de ella. Ese fue el año del maniquí para mi madre, el magnetófono REVOX y el lienzo para el proyector de las diapositivas para mi padre, los esquíes para mi hermano Pepe y para mí, junto con las botas que sirvieron para que mi hermano Jorge y Luis Flores hicieron de las suyas, y muchos regalos para todos.

En Nochevieja, la reunión fue más reducida, en familia y con Heri y Manuela solamente, y como había bastante nieve, los niños más pequeños disfrutaron de sus trineos en las rampas que también tenían su peligro, porque normalmente más que nieve lo que había era hielo y daba lugar a algunos batacazos de campeonato.