Yo me había apuntado ese año al SC Zug, para jugar al fútbol y estuve jugando, creo que 2 años, en el antiguo campo, que estaba detrás del edificio donde se jugaba en invierno al Curling. Ahí estoy, soy el de la izquierda.
Este año, a los alumnos de secundaria, que yo había comenzado en mayo, nos habían entregado en clase de lengua un libro de lectura en el cual, para mi sorpresa, aparecía una foto de mi hermano Pepe y algunos compañeros suyos de clase limpiando de algas el lago de Zug. Este hecho había tenido lugar el año anterior cuando todas las clases y cursos de Zug habíamos sido emplazados para recoger toda la basura que había en el Zugerberg, y los mayores se dedicaron a limpiar el lago. Recuerdo que nos dieron unas bolsas grandes donde íbamos metiendo todo lo que encontrábamos y, de hecho, incluso nos dijeron que habían aparecido, además de algunos pequeños electrodomésticos, los restos de un coche, que tuvieron que venir a retirarlo con maquinaria, pero así quedo todo limpio, y eso nos sirvió para concienciarnos de que había que mantener limpia la naturaleza, por nuestro propio bien. Al final del día, nos dieron de comer y aún recuerdo que fue la típica sopa, barritas de Ovomaltine y también el típico salami ahumado suizo , Salami-Stäbchen, que bueno.
En cuanto a las algas, en aquellas fechas se estaba creando una isleta artificial frente a la desembocadora del río Lorze, porque en el lago de Zug el agua entra y sale por la parte norte, y con eso iban a crear una corriente que entraba mucho más adentro en el lago, reduciendo también la proliferación de algas. Además de que habían mejorado la depuradora de agua, que a los alumnos de mi clase nos llevaron a ver y fue una experiencia entre sorprendente y desagradable, por el lógico mal olor, pero nos hizo ver como funcionaba.
En el mes de octubre mi madre se tuvo que trasladar a Málaga porque nuestra bisabuela había sufrido un ictus, y se marchó con mi hermana y mi hermano Jorge, permaneciendo allí solamente algunos días, principalmente para ver cómo se encontraba su abuela, pero también para que conociera a su último bisnieto que había nacido ese mismo año y que por las circunstancias de ese año ella no había podido conocer.
Y llegó Nochebuena, que celebramos por primera vez con mi hermano Jorge, cuyo afán por meterle mano a los periquitos no había decaído, porque había aprendido a estar ya de pie con escasos 10 meses, y donde por primera vez se pudo subir a un trineo y disfrutar de la nieve, que ese año tampoco faltó a su cita con la Navidad.
La Nochebuena la celebramos además, como casi todos los años, con Heri y Manuela y con la familia Flores al completo. La Nochevieja se celebró prácticamente en familia, es decir, nosotros seis y Heri y Manuela.
Y hacía casi un año que había regresado la familia Rojas con sus dos hijas, Yolanda y Sonia, y por esas fechas nos llegó una postal de felicitación navideña de Carmeli, donde además le hablaba a mi madre de algún arreglo de ropa que había podido hacer, y de saludar a todos los amigos, además de algunos detalles personales entre ellas dos.





































