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Mayo suele ser un mes relativamente fresquito, pero agradable para pasear por Zug. Así que, ni corto ni perezoso, nos fuimos de paseo al lago, para ver como llegaban y salían lo dos barquitos que entonces hacían sus recorridos por el lago. Ya puestos, y como éramos unos elementos de mucho cuidado, nos montamos en una barca imitando lo que habíamos visto, a punto de caernos al lago. En fin, cosas de niños, pero también los mayores nos dejaban hacer, era la única forma de ir aprendiendo.

En junio se celebraron varios bautizos, a saber, el de Sonia Rojas, del que solo tengo una foto en las escalinatas de San Miguel, y el de Susana Villanueva, del que me han hecho llegar varias fotos. El no aparecer nosotros en el bautizo de Sonia Rojas pudo ser debido a que mi madre se operó ese año de apendicitis y, mientras ella estuvo en el hospital, mi hermana estuvo en casa de los Garrido, y yo recuerdo haber estado con Else y Pepita en su vivienda entre Baar y Steinhausen, y haber jugado con Else hijo haciendo manualidades con el corcho de embalaje de una empresa cercana, ese recuerdo sigo teniéndolo. Por eso tampoco hay fotos del cumpleaños de mi hermano Pepe.

Y cuando llegó Julio, volvimos a tomar rumbo a España, para pasarlo con la familia en Sevilla y en Málaga, y siempre recuerdo que la carretera pasaba justo al lado del monumento al tamborilero del Bruch, que está cerca de Montserrat. Hoy la carretera apenas se usa, porque hay una autovía, y hay que desviarse, pero sigue existiendo.

Ese verano fue cuando llegaron por primera vez a la luna, y recuerdo que nos despertaron de madrugada para ver la llegada por televisión, en blanco y negro por supuesto, pero fue un acontecimiento que no se borra. Ahora bien, también recuerdo que mis abuelas decían que aquella era mentira y que como iban a llegar las personas a la luna.

Por la postal que mi madre le envió a mi padre, ese año nos vinimos primero sin mi padre, y aprovechamos para estar con Heri en Sevilla con sus sobrinas en Piscinas Sevilla, que este año estaban aún más abarrotadas y después nos llevó a Málaga, para dejarnos allí. Se ve que él volvió a Suiza con Manuela, y entonces se vino mi padre con el coche para pasar unos días en la Feria de Málaga, y regresando a Sevilla para ya casi a finales de Agosto volvernos de nuevo a Suiza, pues había que continuar trabajando y también volver al colegio, y aunque pasamos por la Costa Brava, no podíamos perder mucho tiempo, porque el viaje era largo, casi 3 días, pero recuerdo que salíamos de Sevilla en pantalones cortos y camisetas, para llegar a Zug poniéndonos un jersey porque hacía ya fresco. Pero volvimos con buenos recuerdos y habiendo disfrutado con nuestros primos.

Suiza 1967_8

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Ya en nuestro nuevo domicilio, en la calle St. Johannesstrasse 24, con un nuevo entorno que ya había que compartir con muchos más vecinos, pero no tenía bosques cercanos, ni laderas tan grandes, sino era un prado llano, empezamos a conocer nuevas familias y amigos. Allí además de suizos, había alemanes, franceses, holandeses, italianos y españoles. Muchos niños con los que jugar, esa si fue una gran ventaja, y siempre nos quedaba la posibilidad de que nos llevara alguien al Zugerberg y recorrer el bosque que tan bien conocíamos. Por aquel entonces, no llegaba aún el autobús al barrio, que tardó algún tiempo, y con el tiempo su recorrido llegó hasta Schönegg. También había un arroyo cercano, el Lorze, así que podíamos ir haciendo alguna de las nuestras.

El caso es que nuestra tía Ana seguía con nosotros y pudo conocer por primera vez lo que era nevar durante horas, jugar con nosotros en la nieve y, por supuesto, conocer a las familias que ya conocíamos de años atrás, algunas de las cuales se habían pasado en algún momento por Málaga y seguramente se conocían, pero no había vivido nunca alguna de las fiestas y reuniones que allí se celebraron. También la llevamos al Zugerberg y, como ya iba a empezar a ser costumbre, a Küssnacht, camino de Lucerna seguramente.

Como su cumpleaños es a primeros de diciembre, se le hizo una fiesta por todo lo alto, con muchos de los amigos españoles, y aquello sirvió prácticamente de inauguración de nuestro nuevo hogar.

Y llegó la Navidad y con ella todo el ritual de regalos, festejos, pestiños y demás, y como en Noviembre se había inaugurado la pista de patinaje que estaba a dos pasos de nuestra vivienda, pues uno de los regalos para nosotros fueron los patines de hielo, y para mi hermano y para mí los “stocks” para jugar al hockey sobre hielo, como si fuéramos a competir. Lo cierto es que aquello era nuevo para nosotros, pero bien que disfrutamos durante muchos años de la pista de hielo, igual que también habíamos aprendido y disfrutado de los esquíes y de los trineos. Antes he hablado de pestiños, pero también se hacían churros, y con uno de estos hicieron a mi hermana tocar la flauta para que la “serpiente” se moviera.

Entre las muchas felicitaciones de Navidad que nos llegaron quiero recordar la del amigo de Málaga de mi madre, Salvador y su mujer Carmela.

Y uno de los eventos más importantes de aquel mes de diciembre, pero en la distancia, pues se produjo en Sevilla, fue la boda de Pepe Garrido y Mari Carmen González, que, como anécdota, en su invitación pusieron que fijaban su residencia en Suiza, como la gente rica. A su llegada, el día de los inocentes, fijaron su residencia en Oberwil, al lado de Flores y Julia, y de Ricardo y Mari y 3 días después nos reunimos en el Centro Español para celebrar la Nochevieja, con sus correspondientes uvas, y a punto estuvo Pepe de bautizar a Mari Carmen.