Ya en nuestro nuevo domicilio, en la calle St. Johannesstrasse 24, con un nuevo entorno que ya había que compartir con muchos más vecinos, pero no tenía bosques cercanos, ni laderas tan grandes, sino era un prado llano, empezamos a conocer nuevas familias y amigos. Allí además de suizos, había alemanes, franceses, holandeses, italianos y españoles. Muchos niños con los que jugar, esa si fue una gran ventaja, y siempre nos quedaba la posibilidad de que nos llevara alguien al Zugerberg y recorrer el bosque que tan bien conocíamos. Por aquel entonces, no llegaba aún el autobús al barrio, que tardó algún tiempo, y con el tiempo su recorrido llegó hasta Schönegg. También había un arroyo cercano, el Lorze, así que podíamos ir haciendo alguna de las nuestras.
El caso es que nuestra tía Ana seguía con nosotros y pudo conocer por primera vez lo que era nevar durante horas, jugar con nosotros en la nieve y, por supuesto, conocer a las familias que ya conocíamos de años atrás, algunas de las cuales se habían pasado en algún momento por Málaga y seguramente se conocían, pero no había vivido nunca alguna de las fiestas y reuniones que allí se celebraron. También la llevamos al Zugerberg y, como ya iba a empezar a ser costumbre, a Küssnacht, camino de Lucerna seguramente.
Como su cumpleaños es a primeros de diciembre, se le hizo una fiesta por todo lo alto, con muchos de los amigos españoles, y aquello sirvió prácticamente de inauguración de nuestro nuevo hogar.
Y llegó la Navidad y con ella todo el ritual de regalos, festejos, pestiños y demás, y como en Noviembre se había inaugurado la pista de patinaje que estaba a dos pasos de nuestra vivienda, pues uno de los regalos para nosotros fueron los patines de hielo, y para mi hermano y para mí los “stocks” para jugar al hockey sobre hielo, como si fuéramos a competir. Lo cierto es que aquello era nuevo para nosotros, pero bien que disfrutamos durante muchos años de la pista de hielo, igual que también habíamos aprendido y disfrutado de los esquíes y de los trineos. Antes he hablado de pestiños, pero también se hacían churros, y con uno de estos hicieron a mi hermana tocar la flauta para que la “serpiente” se moviera.
Entre las muchas felicitaciones de Navidad que nos llegaron quiero recordar la del amigo de Málaga de mi madre, Salvador y su mujer Carmela.
Y uno de los eventos más importantes de aquel mes de diciembre, pero en la distancia, pues se produjo en Sevilla, fue la boda de Pepe Garrido y Mari Carmen González, que, como anécdota, en su invitación pusieron que fijaban su residencia en Suiza, como la gente rica. A su llegada, el día de los inocentes, fijaron su residencia en Oberwil, al lado de Flores y Julia, y de Ricardo y Mari y 3 días después nos reunimos en el Centro Español para celebrar la Nochevieja, con sus correspondientes uvas, y a punto estuvo Pepe de bautizar a Mari Carmen.



























