Suiza 1967_8

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Ya en nuestro nuevo domicilio, en la calle St. Johannesstrasse 24, con un nuevo entorno que ya había que compartir con muchos más vecinos, pero no tenía bosques cercanos, ni laderas tan grandes, sino era un prado llano, empezamos a conocer nuevas familias y amigos. Allí además de suizos, había alemanes, franceses, holandeses, italianos y españoles. Muchos niños con los que jugar, esa si fue una gran ventaja, y siempre nos quedaba la posibilidad de que nos llevara alguien al Zugerberg y recorrer el bosque que tan bien conocíamos. Por aquel entonces, no llegaba aún el autobús al barrio, que tardó algún tiempo, y con el tiempo su recorrido llegó hasta Schönegg. También había un arroyo cercano, el Lorze, así que podíamos ir haciendo alguna de las nuestras.

El caso es que nuestra tía Ana seguía con nosotros y pudo conocer por primera vez lo que era nevar durante horas, jugar con nosotros en la nieve y, por supuesto, conocer a las familias que ya conocíamos de años atrás, algunas de las cuales se habían pasado en algún momento por Málaga y seguramente se conocían, pero no había vivido nunca alguna de las fiestas y reuniones que allí se celebraron. También la llevamos al Zugerberg y, como ya iba a empezar a ser costumbre, a Küssnacht, camino de Lucerna seguramente.

Como su cumpleaños es a primeros de diciembre, se le hizo una fiesta por todo lo alto, con muchos de los amigos españoles, y aquello sirvió prácticamente de inauguración de nuestro nuevo hogar.

Y llegó la Navidad y con ella todo el ritual de regalos, festejos, pestiños y demás, y como en Noviembre se había inaugurado la pista de patinaje que estaba a dos pasos de nuestra vivienda, pues uno de los regalos para nosotros fueron los patines de hielo, y para mi hermano y para mí los “stocks” para jugar al hockey sobre hielo, como si fuéramos a competir. Lo cierto es que aquello era nuevo para nosotros, pero bien que disfrutamos durante muchos años de la pista de hielo, igual que también habíamos aprendido y disfrutado de los esquíes y de los trineos. Antes he hablado de pestiños, pero también se hacían churros, y con uno de estos hicieron a mi hermana tocar la flauta para que la “serpiente” se moviera.

Entre las muchas felicitaciones de Navidad que nos llegaron quiero recordar la del amigo de Málaga de mi madre, Salvador y su mujer Carmela.

Y uno de los eventos más importantes de aquel mes de diciembre, pero en la distancia, pues se produjo en Sevilla, fue la boda de Pepe Garrido y Mari Carmen González, que, como anécdota, en su invitación pusieron que fijaban su residencia en Suiza, como la gente rica. A su llegada, el día de los inocentes, fijaron su residencia en Oberwil, al lado de Flores y Julia, y de Ricardo y Mari y 3 días después nos reunimos en el Centro Español para celebrar la Nochevieja, con sus correspondientes uvas, y a punto estuvo Pepe de bautizar a Mari Carmen.

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Mi destino, al parecer, era vivir continuas aventuras, bien porque yo las buscara, bien porque se daban así. El caso es que a principios de Octubre, viviendo aún en Arbach, mi curso salió para la semana de excursión, en este caso también a Gottschalkenberg, de donde envié postales a mi familia, a mis padres, pero también a mis hermanos.

Como era habitual, allí nos íbamos varios cursos, en mi caso recuerdo que no solamente eran los niños de 3º, en este caso del colegio Kirchmatt, sino también algunos más pequeños, con las correspondientes excursiones por campos y montañas, y diversas actividades culturales en el mismo centro.

El caso es que mientras yo estaba allí, y sin saberlo por supuesto, se estaba gestando una nueva mudanza, y cuando el viernes terminé esa excursión, mis padres me habían avisado de la nueva dirección, y desde la estación donde nos dejaron a todos los niños, con mi mochilita eché a andar hacia el nuevo domicilio en el barrio del Herti, concretamente la calle St. Johannes, 24.

Me habían dicho que era en el primer piso, así que subí al primer piso sin pensar que no era allí, sino en el bajo, así que como por aquel entonces las puertas tenían manivela por fuera y nadie echaba la llave, pues entré sin más en la casa que yo pensaba encontrar a mis padres y hermanos, pero no, era la de los vecinos de arriba, recuerdo que se llamaban Stadelmann, y claro, ellos se sorprendieron, pero yo más, y finalmente me dijeron que era ABAJO. Mi sino era salir de una casa  y volver a otra.

Como consecuencia de ese cambio de domicilio, a finales de dicho mes de Octubre, me trasladaron de colegio, y pasé al de Neustadt, que estaba mas cerca de mi casa, y que suponía tener que conocer a nuevos compañeros, los antiguos los dejé de ver de un día para otro, salvo algunos que años más adelante los volvería a encontrar. Este colegio hoy en día es una escuela de música.

A finales de Octubre también se celebró el 3er cumpleaños de Julia y días después llevamos a mi tía Ana a Einsiedeln, para que pudiera ver la virgen negra y conocer ese lugar y, por supuesto, cumplir el ritual de beber de los caños para que se cumplieran sus deseos.

Al tener que salir todos los españoles que aún había en el Chalet, los solteros como fue el caso de Heri y Manuela, tuvieron que reubicarse en las residencias para hombre y mujeres, residencias separadas y que se encontraban en ambos extremos del inmenso recinto de la Landis&Gyr, la de mujeres en la Feldstrasse, y la de hombres en la esquina entre Gubelstrasse y Aabachstrasse, y para su familia Heri hizo un pequeño reportaje de como era su habitación y las vistas que tenía.

Nosotros, a su vez, ya estábamos viviendo en la nueva vivienda, que habíamos inaugurado nosotros y donde entramos en contacto con otros españoles, las familias Fernández, en el mismo bloque, y en el bloque anterior a las familias Lombao y Antón, parte de las cuales ya conocíamos bien del chalet, bien del Centro Español.