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Era ya Marzo, y con tantos padres,  había que celebrar el día del padre, San José. Por primera vez estaba presente Mari Carmen, con Pepe Garrido, y también aparecen ahí la familia Antón, que  ya tenían 2 hijos, Begoña y Eugenio, y que aunque los conocíamos del Centro Español, ahora éramos vecinos, ellos vivían en el número 22 y nosotros en el 24.

Por supuesto, no faltaban ni Heri o Manuela,  ni los Flores, con su hija Julia, y así manteníamos el espíritu de las reuniones del chalet, que ya empezábamos a echar de menos.

La primera hija de Rojas y Carmeli, a la que pondrían el nombre de Yolanda, había nacido en Febrero, y a primeros de Marzo se celebró su bautizo, oficiado como venía siendo habitual cuando de cualquier ceremonia religiosa de españoles se trataba por el padre Schai, y después nos hicimos la correspondiente foto “familiar”, curiosamente solo las mujeres y los niños. ¿Dónde estarían los hombres, preparando algo o aprovechando para echar unas birras?

En Marzo de ese año nació la hija de Else y Pepita, a la que pusieron el nombre de Silvia, con lo cual ya tenían la parejita. Fueron los únicos que nacieron en Zug, pues sus hermanos menores, 2 niños, ya nacerían en Sevilla, cuando sus padres volvieron a España.

Noni, mientras tanto, se había venido para España para cumplir con la patria, haciendo el servicio militar, y desde Sevilla nos mandó una postal contando lo que aún le quedaba por estar ahí haciendo la “mili”, pero disfrutando de la Feria de Abril de Sevilla con toda seguridad, pues le encantaba bailar y disfrutar la vida.

Ese año, y al igual que en años anteriores, nosotros vinimos en primavera a Sevilla, esta vez la familia sola, nosotros cinco, y en el coche de Heri. No sé si la postal de Noni les dio envidia a mis padres o había otra justificación, pero el caso es que estuvimos en Abril durante unos día en Sevilla, aunque solo hay fotos de paseos por el parque de María Luisa, concretamente la plaza de América, por los márgenes del rio y el centro, Giralda y catedral, pero de la feria no hay ni señal, pero seguro que fuimos, cualquiera nos aguantaba a los niños con toda la gente hablando de la feria. Y a la vuelta le llevaron un traje de gitana a Begoña, completo, con sus castañuelas, peinetas, flores y zapatos de tacón, porque ella no conocía esa fiesta, pero si había visto a mi hermana Eva vestida y la había gustado, como una niña que era.

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Ya en nuestro nuevo domicilio, en la calle St. Johannesstrasse 24, con un nuevo entorno que ya había que compartir con muchos más vecinos, pero no tenía bosques cercanos, ni laderas tan grandes, sino era un prado llano, empezamos a conocer nuevas familias y amigos. Allí además de suizos, había alemanes, franceses, holandeses, italianos y españoles. Muchos niños con los que jugar, esa si fue una gran ventaja, y siempre nos quedaba la posibilidad de que nos llevara alguien al Zugerberg y recorrer el bosque que tan bien conocíamos. Por aquel entonces, no llegaba aún el autobús al barrio, que tardó algún tiempo, y con el tiempo su recorrido llegó hasta Schönegg. También había un arroyo cercano, el Lorze, así que podíamos ir haciendo alguna de las nuestras.

El caso es que nuestra tía Ana seguía con nosotros y pudo conocer por primera vez lo que era nevar durante horas, jugar con nosotros en la nieve y, por supuesto, conocer a las familias que ya conocíamos de años atrás, algunas de las cuales se habían pasado en algún momento por Málaga y seguramente se conocían, pero no había vivido nunca alguna de las fiestas y reuniones que allí se celebraron. También la llevamos al Zugerberg y, como ya iba a empezar a ser costumbre, a Küssnacht, camino de Lucerna seguramente.

Como su cumpleaños es a primeros de diciembre, se le hizo una fiesta por todo lo alto, con muchos de los amigos españoles, y aquello sirvió prácticamente de inauguración de nuestro nuevo hogar.

Y llegó la Navidad y con ella todo el ritual de regalos, festejos, pestiños y demás, y como en Noviembre se había inaugurado la pista de patinaje que estaba a dos pasos de nuestra vivienda, pues uno de los regalos para nosotros fueron los patines de hielo, y para mi hermano y para mí los “stocks” para jugar al hockey sobre hielo, como si fuéramos a competir. Lo cierto es que aquello era nuevo para nosotros, pero bien que disfrutamos durante muchos años de la pista de hielo, igual que también habíamos aprendido y disfrutado de los esquíes y de los trineos. Antes he hablado de pestiños, pero también se hacían churros, y con uno de estos hicieron a mi hermana tocar la flauta para que la “serpiente” se moviera.

Entre las muchas felicitaciones de Navidad que nos llegaron quiero recordar la del amigo de Málaga de mi madre, Salvador y su mujer Carmela.

Y uno de los eventos más importantes de aquel mes de diciembre, pero en la distancia, pues se produjo en Sevilla, fue la boda de Pepe Garrido y Mari Carmen González, que, como anécdota, en su invitación pusieron que fijaban su residencia en Suiza, como la gente rica. A su llegada, el día de los inocentes, fijaron su residencia en Oberwil, al lado de Flores y Julia, y de Ricardo y Mari y 3 días después nos reunimos en el Centro Español para celebrar la Nochevieja, con sus correspondientes uvas, y a punto estuvo Pepe de bautizar a Mari Carmen.