Suiza 1965_2

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Nuevamente, quien pudo, aprovechó la primavera para tomar rumbo a España. Ese fue el caso de Julia, que se marchó a finales de Marzo con su hija Julia, y desde allí envió a primeros de Abril una felicitación por el santo a mi madre. Poco después, emprendió también camino de Sevilla su marido, José Flores, y desde Ginebra envió una postal con una mención especial para Heriberto, quien también tenía previsto ir a Sevilla poco después, supongo que con su hermana Manuela. Efectivamente, a mediados de Abril hizo lo mismo que Flores, salir de Zurich y desde Ginebra enviar otra postal parecida. Ya en Sevilla, y tras haber estado con nuestros abuelos, nos envió una postal.

También nos envió una postal desde Sevilla Else, que estaba allí con su familia y el pequeño Else, que también habían aprovechado esas fechas para viajar y ver a la familia. Un poquillo de envidia creo que si nos dieron, pero nuestro caso era diferente, pues éramos 5 de familia.

Este año, nosotros no íbamos a viajar a ver a la familia, pero a nuestros padres se les ocurrió una buena idea para poder hacer llegar nuestras voces a la familia. Como es bien conocido, no existían ni las cintas de cassette, el teléfono era caro y no lo tenía mucha gente, ni en Suiza ni mucho menos en España, y ya ni hablar de cámaras de grabación de películas, formato Super8, que solo estaban al alcance de gente que hubiera viajado a los Estados Unidos y tuviera bastantes medios.

Por tanto, lo que se les ocurrió fue grabar una cinta de magnetófono con mensajes para nuestros abuelos, donde también nosotros los pequeños grabamos alguna conversación, y ahí dejo 2 pequeños fragmentos de nuestros padres hablando y de nosotros cantando, por decir algo, o más bien chillando lo que habíamos aprendido en el colegio mi hermano Pepe y yo. La idea era que Heri se la llevara a mis abuelos y aprovechar que ellos grabaran al final algún mensaje, cosa que hicieron. Y, a la vuelta, nosotros pudimos recibir el mensaje de nuestros abuelos y tíos, y también a Heri hablando con ellos.

Creo que había entonces poca gente en el chalet, por  no decir nadie, y fue cuando mi hermano Pepe hizo la comunión que le correspondía por curso escolar, y, si hubo alguna celebración con otros españoles, no hay fotos. También celebramos el cumpleaños de mi hermana Eva, y como se puede ver no había nadie más por allí, estarían en España todos.

Audio de mis padres
Audio de nosotros los niños

Suiza 1964_6

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El año iba terminando, llegaban las fiestas navideñas y seguían celebrándose con mucha gente, y nosotros los pequeños éramos los que mejor lo pasábamos, porque aparte de los regalos de nuestros padres, siempre había algunos más de los demás ocupantes del chalet, y de algunos que ya no vivían allí, pero que volvían para estar juntos en estas fechas.

Nosotros no dejábamos de intentar averiguar quien y cuando traían los regalos, estábamos siempre atentos a cualquier ruido, y eso que nos obligaban a irnos temprano a la cama. Cuanta lata no daríamos, que un año, no sé si esto u otro, después de la Navidad, algunos de los habitantes del chalet se disfrazaron con mantas y gorros y nos dieron un susto morrocotudo, entrando hasta casi nuestras habitaciones. Tengo tan mal recuerdo de aquello que aún no lo he olvidado.

Y después de los regalos, la fiesta continuaba con bailes y bebidas, hasta altas horas de la noche, no había descanso en ese salón tan grande, todo de madera, con algunos escondites para nosotros, incluso con un pequeño montacargas que bajaba al sótano. Aunque para nosotros todo terminaba antes, pero nos dejaban disfrutar de los juguetes un buen rato.

Mientras fuera hacía frío, y todo estaba envuelto en brumas y nieve, dentro se estaba bastante calentito, gracias a la caldera de carbón que había en el sótano, y con el cual alguna que otra vez nos habíamos tiznado, no podíamos evitar tocarlo en cuanto podíamos, era algo misterioso y atrayente para nosotros.

Casi sin descanso, sobre todo para nosotros los pequeños, pues estábamos de vacaciones, no así los mayores, que tenían que trabajar, y normalmente hasta el mismo día de la fiesta, llegaba Nochevieja, otra fiesta que se pasaba en familia y con amigos, con la correspondiente celebración de confeti y champán. Y como el año anterior nuestros padres habían comprado la primera televisión, se puso en el salón y allá que nos colocamos todos como si estuviéramos en el cine para ver  la entrada del Año Nuevo y supongo que poco más.

Y conforme pasaban los años, aumentaba la colonia española, y no solamente por los mayores, sino también por los niños. Ya habían nacido 4 niñas, María José Villanueva (Dolores y Manuel), María Reyes López (Mari y Ricardo), María Elena Fernández (Elena y Oscar), Julia (Julia y Flores) y 1 niño, Else Carranco (Pepita y Else), familias conocidas, si bien pronto conoceríamos más españoles, pues en este año se había creado el Centro Español, que sigue existiendo, aunque en otro lugar ahora, y que serviría para juntarnos a todos, llevar a cabo actos y celebraciones.

Otros, como Tellechea, se habían marchado de vuelta a España, y en este caso nos envió postal de llegada y de felicitación navideña desde Biarritz, Francia. Y como curiosidad la felicitación por el día de la madre que le hicimos a nuestra madre, que casualmente hasta ese año se celebraba en España el 8 de diciembre. Ya a partir de 1965 pasó a Mayo.