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Se acababa el frío, había llegado la primavera y había un lugar muy especial que no conocíamos aún, que era la isla de Mainau, que ya está en la parte alemana del lago de Constanza, pero muy cerca de la frontera suiza, y con un vehículo y los correspondientes pasaportes no había problema, aunque creo recordar que no había un control muy exagerado de los visitantes que llegaban desde Suiza.

Esta isla es un sitio donde hay miles de flores, de muchísimas variedades, siendo las más importantes los tulipanes de todos los colores, y también las rosas. Una explosión de colores, en jardines muy bien cuidados, pero que permitían acercarse, siempre que fuera con cuidado y sin coger ninguna flor. Además hay muchos tipos de árboles, y también algunos animales pequeños en su cercado, pero con mucho espacio, y prácticamente se echa medio día en verlo tranquilamente.

En Junio celebramos de nuevo el cumpleaños de mi hermano Pepe, ya no con tanta gente como en años anteriores, pero si con algunos amigos que se acercaron para estar juntos con nosotros.

Y en Julio, y como a todos les dió por tener tienda de campaña, para hacer camping, pensando que el tiempo era bueno, y aventureros como éramos todos, sobre todo mi madre y Heri, cogieron los bártulos correspondientes y pusimos rumbo a la parte italiana de Suiza, el cantón Ticino, y allí además de hacer acampada libre en el Monte Ceneri, donde nos pilló una buena tormenta, propia de zonas montañosas, que nos hizo tener que improvisar una defensa alrededor de la tienda de campaña, nos fuimos a visitar la exposición de Suiza en miniatura que está en el pueblo de Melide, a escasos 10 kms de la frontera con Italia. Este parque sigue funcionando y es muy curioso.

Y de allí, una visita al pueblo de Airolo, por el que no quedaba más remedio que pasar, pues está al pie del Gottardo por la parte del Ticino, un pueblecito muy pequeño y con aire italiano, más que suizo.

Por aquel entonces, aún había que subir y bajar el Gottardo, una montaña que tiene forma piramidal, por una carretera que sube y baja en zig-zag, y que recuerdo siempre haberme mareado en el coche, también porque no me estaba quieto, cuando no iba tocando la flauta sin parar, que hoy entiendo que era una tortura para los demás, pero me encantaba.

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Y llegó la hora de los «grandes viajes», es decir, salir del pueblo y del cantón de Zug y visitar y conocer otras partes de Suiza. Pero había un problema, el medio de transporte. Pero eso para los españoles y andaluces en particular nunca fue en problema, sino a ver como habían llegado hasta allí. Pero también es cierto que había que contar con alguna solución y esa la aportó en aquel caso Lorenzo, que fue el primero, al menos que yo recuerde, que tuvo un coche, creo recordar que era rojo y blanco, y descapotable.

Así que, ni corto ni perezoso, nos encaminamos por primera vez a la alta montaña, a la llamada zona de los puertos, y subimos al Gottardo, que por lo que veo no tenía nieve, también al Susten que si estaba nevado y supongo que también al Grimsel, por las imágenes, y porque después yo he ido ya varias veces y tengo imágenes que me aclaran la zona mejor.

En este caso si parece que dejaron de lado ir vestidos de traje y corbata, para llevar ropas mas adecuadas al frío y la nieve, pero por supuesto con la conocida elegancia.

Que diferencia entre la Suiza nevada y España, y esto se repitió en otros momentos de todos los años que estuvimos allí, y todos la disfrutaron, porque aunque no tenía nada que ver con España o Andalucía, era algo nuevo que había que gozar, y nosotros los niños ya ni hablar de ello.