A finales de Mayo sucedió una cosa muy llamativa, y es que mi hermano Pepe se encontró indispuesto y acudió a su médico, el cual tras realizar un breve examen, se dio cuenta que tenía una inflamación del apéndice, y que se tenía que operar de apendicitis, y es lo que hizo, irse con él al hospital y desde allí llamó a mi madre para informarla, que tuvo que tomar un taxi y cuando llegó ya estaba en quirófano. Es verdad que quizás hoy no se haga así, sin autorización de un adulto, aunque en Suiza no me extraña, pero parece ser que era muy urgente. Para que pudiera sobrellevar el período de recuperación, la familia Antón le regaló un libro, cuya dedicatoria reproduzco, porque el libro sigue en nuestra casa.
En mi 2º curso de secundaria me había cambiado a manualidades de hierro, en lugar de madera del curso anterior, y del mismo aún guardo cosas realizadas, que durante todos estos años los ha tenido mi madre en su poder y, como se puede ver, en muy buen estado, ella era muy cuidadosa. Sé que hice otras cosas, y seguro que aparecerán. También me apunté a curso de cocina, sobre todo porque había muchas niñas, que ya tenía yo casi 15 años, y nos dieron un libro de receta, pero ese recetario no sé a dónde fue a parar, a saber.
Detrás de nuestra casa había una fábrica donde se envasaban todo tipo de especies y complementos, como piñones, guindillas, etc. Mi madre había estado yendo algunas veces, y como permitían trabajar allí a los niños a partir de los 14 años, me apunté para ir durante las vacaciones, y también algunas tardes y días sueltos, para ganarme algún dinerillo para la casa, pero también para algunos caprichos míos. Tengo muy buenos recuerdos, porque lo que hacíamos era vaciar sacos de especias en las tolvas, poner los tacos de etiquetas, y cosas por el estilo, pero junto con mi amigo Walter Saxer también cometimos algunas pillerías. Eso sí, tenían que tener bajo llave los pistachos y los piñones, porque nos encantaban.
Ese año las autoridades habían decidido, por fin, cambiar el inicio del curso escolar al final del verano, en lugar de la primavera, y alargaron el curso anterior hasta principios de junio, así que pocos días después de celebrar mi hermano Pepe su cumpleaños nos fuimos con Heri y Manuela hacía España, adonde llegamos a tiempo de celebrar el 5º cumpleaños de mi prima Mari Carmen. Mi madre seguía de luto por el fallecimiento de mi bisabuela, su queridísima abuela Ana María, pero eso no evitó que disfrutáramos unas largas vacaciones, porque para nosotros se prolongaron hasta casi finales de agosto. Eso sí, mi primo José Eugenio aprovecho que Heri se volvió a finales de Julio con el coche vacío, para irse con su profesor de música Alfredo de vacaciones, nuevamente, a Suiza. Lo que allí hicieron mejor que lo cuente él, el caso es que a principios de julio se volvieron con mi padre y mi hermano Pepe, que no tenían tantas vacaciones. Ya con mi padre en Málaga, fuimos a la feria junto con mis tíos y primos. Desde Naves los Fernández enviaron una postal.
Y la vuelta a Suiza la emprendimos esta vez desde Sevilla haciendo una pequeña excursión al Monasterio de Montserrat, que está enclavado en un paraje maravilloso, cerca del monumento al Tambor del Bruch.



































