De vuelta a Zug, a finales de Abril, el que disfrutaba era mi hermano, que con poco más de 1 año ya corría por los alrededores de nuestra vivienda, jugaba en el cajón de arena que había delante del número 26, donde se podían hacer estructuras, porque la arena solía estar siempre algo húmeda, casi nunca seca, salvo ya en verano con mucho calor, y así podíamos hacer circuitos para jugar con los coches, o con canicas, o hacer cualquier tipo de estructuras.
También había allí 3 tubos de cemento que se suelen usar para las tuberías de agua y canalizaciones diversas, y que las habían colocado para jugar. Los más pequeños pasaban por dentro y los mayores nos subíamos a ellos. Y al lado había unos columpios y un balancín, como se puede ver en las fotos. También había otros columpios delante de las viviendas.
En fin, la criatura disfrutaba, sobre todo con una pelota, pero también cuando nos íbamos al campo, que sucedía con bastante frecuencia, pues había que salir y aprovechar los días soleados y agradables, que no eran muchos, ya sabemos cómo era el clima suizo, y en Zug en particular era raro que no lloviese alguna semana. Así que, bien fuéramos al bosque de Steinhausen, bien al Lauerzersee, que tampoco estaba muy lejos, lo pasábamos fenomenal y mi hermano Jorge era el que más disfrutaba, sobre todo si se podía mojar, aunque fuera intentando llenar un vaso o una botella, pero con poco más de un año que se le podía pedir. Total, hacía buen tiempo y se secaba pronto.
A veces nos íbamos también con la familia Antón, y estas fotos bien pueden ser cerca del río Sihl, aunque no estoy seguro, pero ya desde entonces la especialidad fue la paella.
En esas escapadas, casi siempre se venían con nosotros algunas amigas de mi hermana, en particular su íntima amiga y compañera de clase Nelly, y también Begoña, que aunque era 2 años más pequeña que ellas, se apuntaba a esas salidas y disfrutaba como los demás.
Ese curso, 1º de secundaria para mí, pude optar a realizar manualidades en madera. Lo cuento, porque realicé varias cosas que durante años estuvieron en casa de mis padres y hoy, por razones evidentes, me las he quedado, como un botellero de madera, una silla plegable de 3 patas y alguna otra cosa más.
En el mes de junio se solían celebrar pruebas de ciclismo, normalmente los niños y niñas de 5º curso, más o menos 12 años. Había que recorrer un trayecto determinado y controlado por la policía que recorría bastantes calles de la ciudad, con el fin de ver si comprendíamos las señales de tráfico y si las respetábamos, y ese año las pasó mi hermana y se publicó en el periódico una foto donde aparece ella. A los mejores les daban una insignia y creo recordar que a ella se la dieron, al igual que años antes también a mi hermano Pepe, pero yo que era un loquillo de la bici no la obtuve, a saber cómo haría el recorrido. Eso sí, nunca tuve un accidente, y eso que iba a todas partes en bici, aunque si me pilló alguna vez la policía haciendo alguna trastada y me castigaron con ir el miércoles por la tarde, que no había clase, a comisaría para enseñar a respetar las normas. En fin, cosas mías.































