Suiza 1973_4

publicado en: HISTORIA PERSONAL | 0

Durante nuestra estancia en Sevilla había llegado una nueva familia española con la que íbamos a tener contacto hasta nuestro regreso, y era la familia Barroso, que se habían asentado en Oberwil. Ellos son Jerónimo y Beatriz, y allí entraron en contacto con la familia Flores, lo cual fue un alivio para ellos, el tener otros españoles cercanos, sobre todo para Beatriz, que desconocía totalmente el idioma. Como consecuencia, también los llegamos a conocer y así hasta hoy, que seguimos manteniendo el contacto, primero fundamentalmente mis padres, y en la actualidad yo los sigo viendo cuando vienen a España, pues tienen vivienda cerca de mí en Málaga.

Después de este inciso sigo con el relato de aquella época, y es que a nuestra vuelta de esas largas vacaciones, llegamos justo a tiempo de celebrar el 1er cumpleaños de José Luis Garrido, y para no perder las buenas costumbres, nos llegaron postales desde La Coruña de la familia Lombao, desde la Costa Brava de una amiga del trabajo de mi padre, Annelies Gügler, y como yo, casi sin tiempo de volver de las vacaciones, me había marchado con mi curso de campamento escolar, que recuerdo muy bien por cierto, desde Preda envié una postal donde se ve el Albulapass, entre otros.

Otra cosa que se estaba volviendo habitual era el torneo de fútbol que organizaba la empresa y donde las diferentes secciones hacían equipos de 6 jugadores, y mi padre al  que le encantaba el fútbol, y ya había jugado en el equipo español, se apuntó este año. Aparte se organizaba un “Grümpelturnier” donde se podían apuntar equipos de futbol pequeño de cualquier edad, pero eso no tenía nada que ver con lo que organizaba la empresa Landis&Gyr.

Por aquellas fechas, además de echar algunos ratos en el “molinillo” de las especias, también me dio por repartir propagando en bicicleta por la ciudad de Zug, y mi madre aún tenía guardado el recibo de uno de aquellos “trabajitos”, a nombre de mi padre naturalmente, porque a mi nombre no podía estar. Para mi aquello era más diversión que obligación, y además lo hacíamos muchos muchachos de mi edad y mayores, y aunque lo primero que hacía era dejar el dinero en casa a mi madre, también es verdad que a mí todo aquello me sirvió a la larga para comprarme una barca neumática, que de lo buena que es aun la sigo disfrutando, y no sé si los esquíes o las botas de esquiar, y seguramente alguna cosa más.

Uno de los recuerdos que  perduran en mi mente, fue la escapada de fin de semana que hice con Heri en su coche al Lauerzersee, aprovechando que en las Navidades pasadas nos habían regalado a mi hermano Pepe y a mí una tienda de campaña que para nosotros era superchula. Y tengo muy buen recuerdo, porque esa tarde-noche entraron en la arboleda que se puede ver al fondo como un millón o dos de pájaros, que estuvieron piando hasta altas horas de la noche. Y no exagero en la cantidad, ojalá  Heri pudiera dar fe de ello. Lo pasé muy bien, hicimos una  pequeña barbacoa que pusimos delante de la tienda para que nos diera un poquito de calor, porque tuvimos la mala suerte de que lloviera, y así aquello se convirtió en un barrizal, pero lo pasé de lujo. ¡Quien pudiera repetir todo eso!

Suiza 1972_2

publicado en: HISTORIA PERSONAL | 0

De vuelta a Zug, a finales de Abril, el que disfrutaba era mi hermano, que con poco más de 1 año ya corría por los alrededores de nuestra vivienda, jugaba en el cajón de arena que había delante del número 26, donde se podían hacer estructuras, porque la arena solía estar siempre algo húmeda, casi nunca seca, salvo ya en verano con mucho calor, y así podíamos hacer circuitos para jugar con los coches, o con canicas, o hacer cualquier tipo de estructuras.

También había allí 3 tubos de cemento que se suelen usar para las tuberías de agua  y canalizaciones diversas, y que las habían colocado para jugar. Los más pequeños pasaban por dentro y los mayores nos subíamos a ellos. Y al lado había unos columpios y un balancín, como se puede ver en las fotos. También había otros columpios delante de las viviendas.

En fin, la criatura disfrutaba, sobre todo con una pelota, pero también cuando nos íbamos al campo, que sucedía con bastante frecuencia, pues había que salir y aprovechar los días soleados y agradables, que no eran muchos, ya sabemos cómo era el clima suizo, y en Zug en particular era raro que no lloviese alguna semana. Así que, bien fuéramos al bosque de Steinhausen, bien al Lauerzersee, que tampoco estaba muy lejos, lo pasábamos fenomenal y mi hermano Jorge era el que más disfrutaba, sobre todo si se podía mojar, aunque fuera intentando llenar un vaso o una botella, pero con poco más de un año que se le podía pedir. Total, hacía buen tiempo y se secaba pronto.

A veces nos íbamos también con la familia Antón, y estas fotos bien pueden ser cerca del río Sihl, aunque no estoy seguro, pero ya desde entonces la especialidad fue la paella.

En esas escapadas, casi siempre se venían con nosotros algunas amigas de mi hermana, en particular su íntima amiga y compañera de clase Nelly, y también Begoña, que aunque era 2 años más pequeña que ellas, se apuntaba a esas salidas y disfrutaba como los demás.

Ese curso, 1º de secundaria para mí, pude optar a realizar manualidades en madera. Lo cuento, porque realicé varias cosas que durante años estuvieron en casa de mis padres y hoy, por razones evidentes, me las he quedado, como un botellero de madera, una silla plegable de 3 patas y alguna otra cosa más.

En el mes de junio se solían celebrar pruebas de ciclismo, normalmente los niños y niñas de 5º curso, más o menos 12 años. Había que recorrer un trayecto determinado y controlado por la policía que recorría bastantes calles de la ciudad, con el fin de ver si  comprendíamos las señales de tráfico y si las respetábamos, y ese año las pasó mi hermana y se publicó en el periódico una foto donde aparece ella. A los mejores les daban una insignia y creo recordar que a ella se la dieron, al igual que años antes también a mi hermano Pepe, pero yo que era un loquillo de la bici no la obtuve, a saber cómo haría el recorrido. Eso sí, nunca tuve un accidente, y eso que iba a todas partes en bici, aunque si me pilló alguna vez la policía haciendo alguna trastada y me castigaron con ir el miércoles por la tarde, que no había clase, a comisaría para enseñar a respetar las normas. En fin, cosas mías.