Suiza 1963_10

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Termino el relato del año 1963 con noticias que he conseguido recientemente, y que no quería dejar pasar más tiempo para contarlas, sobre todo porque tienen que ver con los años 1961 a 1963.

Y es que he conseguido hablar con Dolores Villanueva, que actualmente vive en Chipiona (lamentablemente Manolo falleció hace 7 años), también con su hija Susana, que vive en Sevilla, y también he contactado con sus hermanas María José, que nació en ese año 1963, concretamente el 27 de Julio, y Dolores, ambas residentes en Suiza, después  haber vuelto a Sevilla en los años 80.

Dolores llegó a Zug en Septiembre de 1961, junto con su hermana y un muchacho, desde Sevilla. Ella empezó a trabajar en una confitería que había cerca de la plaza de Correos, y su hermana se fue a trabajar a Horgen, en Zurich. Estuvo 1 año sola, porque su entonces novio, Manolo, no tenía permiso para venir, pero por medio del padre Schai consiguió traer al año siguiente a Manolo, para trabajar como pintor en una empresa. Ese mismo año de 1962, el 26 de septiembre, el padre Schai los casó en la iglesia de San Miguel, siendo la primera boda de españoles que ofició el padre Schai en Zug, tal y como me confirma la propia Dolores.

Al año siguiente, en el mes de julio de 1963, nació la primera hija de esta pareja, María José, y su bautizo se celebró en la iglesia de San Miguel. De momento no tengo fotos de su bautiza, pero si en 1966 del de su hermana Dolores, y aqui se pueden ver a Dolores, Manolo, detrás aparece María José, la hermana de Dolores, Salvador, Rosetta, el padre Schai, la familia Rosal, etc.

Del resto ya iré contando en su momento.

Bautizo Dolores Villanueva

Suiza 1963_8

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Llegaba el otoño y se acercaba el frío, y como no podía ser menos, algo había que celebrar, primero el cumpleaños de mi padre, en Octubre, y después una fiesta “moruna” delante del sótano del chalet, moruna por el atuendo, pero también por los pinchitos, Siempre de cachondeo, lo pasaban bien, mejor dicho, lo pasábamos bien.

El bosque iba perdiendo sus hojas, solo iban los quedando los troncos y las ramas peladas, y las primeras nieves se dejaban ver en lo alto del Rigi, que llega hasta algo más de 1800 metros. Desde el chalet se podía ver parte del pueblo de Oberwil, y lo que casi nunca se conseguía ver era el monte Pilatus, porque rara vez dejaba de haber brumas o niebla o directamente estaba entre nubes, porque alcanza algo mas de los 2100 metros. De hecho, para mi madre fue una sorpresa ver un día que allí había una montaña, y cuando lo comentó nadie la creía, pero después de lo que había pasado con el lago congelado, finalmente “apareció” en un claro y la creyeron, pero fue una sorpresa para todos.

Había que abrigarse, y así estábamos mi hermano y yo, paseando por aquel campo que considerábamos como nuestro, cuando no había vacas pastando, que aunque no eran toros si tenían su peligro y, sobre todo, el puñetero alambrado electrificado del cercado que había en los campos para que las vacas no se saliesen de las zonas de pasto, porque esas alambradas también daban calambre a los seres humanos, y no era nada agradable.

En fin, allí no había nadie más, las vistas eran maravillosas, tanto hacia el lago, la ciudad como hacia la montaña; en los alrededores solamente se veía el chalet, la casa de la familia Gyr , la vaquería y la clínica psiquiátrica Meissenberg, exclusiva para mujeres, que sigue existiendo. Así que nos “apropiamos” de aquel espacio, que era como si fuera nuestro.

Ya por aquel año, se produjeron las primeras mediciones en los alrededores del Chalet, que nadie sabía entonces qué significado tenían, pero que en los próximos años nos íbamos a enterar, y que nos afectarían a todos, y de qué manera, pero eso es otra historia.