En el verano de 1966, por segunda vez desde que la familia emigró a Suiza, pudimos volver a nuestra patria, a visitar a la familia, tanto en Sevilla como en Málaga, y fue la primera vez que hicimos el viaje en coche, estrenando mi padre su carnet que había sacado en Junio con un viaje tan largo, sin pensar en lo que se podían encontrar, lo largo que era el viaje y todo lo que podía ocurrir en esos 3 días, casi 2500 kms por carreteras desconocidas, aunque mi padre hablaba algo de francés, por haber trabajado en Francia anteriormente, seguía siendo una aventura, y más teniendo en cuenta que iban 4 adultos en el coche con 3 niños.
En el coche íbamos de esta manera: conduciendo iban mi padre y Heri, alternándose cada cierto tiempo, porque en el fondo eran novatos, y además casi todo el trayecto, por no decir entero, era por carreteras nacionales, las autopistas se estaban construyendo tanto en Suiza como en España, en Francia había algunos tramos, por lo que el trayecto se hacía muy largo y cansado, y mas con el calor del verano, especialmente ya por España. En el asiento trasero iban mi madre y Manuela y, a veces, mi hermano Pepe que ya tenía 11 años. ¿Y dónde íbamos mi hermana y yo, de 8 y 6 años? Pues en el maletero, encima del motor, que era trasero. Nos ponían alguna manta para estar algo más blanditos, pero me sigo acordando del calor que pasábamos, sobre todo cuando llegábamos a España a principios de Julio, con esos 40 grados y más. Y las maletas iban en la baca, como ahora cuando vemos a los marroquíes que atraviesan Europa camino de su país.
Lo que no me explico es cuanto duraron esas vacaciones, puesto que a primeros de Julio Heri nos mandó una postal desde Punta Umbría al chalet, pero después en Agosto estábamos todos en Málaga, y mi padre a su vez envió una postal a finales de Agosto desde Barcelona a nuestros abuelos en Sevilla. No lo entiendo, porque tantas vacaciones no tenían ellos, un poco misterioso si es.
Ese verano, se acercó Noni a Málaga, como se puede ver en alguna foto, y echamos unos días muy buenos en la playa, junto con mis tíos Eliseo y Carmela, y mi tía Ana. Como siempre, nos enviaban postales al chalet, por ejemplo Juan Garrido esperando vernos por Sevilla, o de Lorenzo que se había ido más tarde con algún encargo. Era la única forma de mantener el contacto. Y nosotros, o mejor dicho, mis padres y Heri, conocieron por primera vez a la todavía novia de Pepe Garrido, Mari Carmen, que hasta que se casó con él no se fue a vivir a Suiza.













