Este iba a ser definitivamente nuestro último año en Suiza, o mejor dicho, el último semestre, y ya lo sabíamos, aunque no le dimos mayor importancia, pensando en que el regreso a nuestra patria iba a suponer para nosotros un simple cambio, pero nosotros como jóvenes solamente sabíamos y conocíamos nuestra patria de los veraneos, no sabíamos nada de la realidad política ni laboral, al menos era así en mi caso con casi 17 años. En septiembre yo había comenzado mis estudios profesionales, y tenía la confianza en que podría continuarlos en breve en España.
Hace poco tiempo he descubierto por una cinta de casete muy personal que mis padres ya se habían planteado la vuelta en el verano de 1973, sobre todo porque mi madre llevaba algún tiempo con problemas de salud relacionados con el reuma, y los médicos que la trataron, tanto en Zug como en Zurich le aconsejaron irse a un clima más seco, y es por eso por lo que decidieron volver a Sevilla y no a Málaga, donde estaba nuestra familia materna. Pero de eso nosotros nos enteramos a finales de 1974, y esta cinta la he encontrado hace algunos meses, entre muchas de las cosas que he encontrado, algunas de las cuales han ido apareciendo en todas estas publicaciones. Ahora muchas cosas están más claras. El caso es que mi padre se había marchado a España, creo que antes de la fiesta de Reyes, para empezar a trabajar en la empresa con la cual había llegado a un acuerdo el verano anterior. Se trataba de una empresa filial de Abengoa y había contactado con esta empresa por medio de un antiguo compañero de CASA.
Nuevamente se celebró la entrega de regalos por los Reyes Magos, y nuevamente me pidieron que hiciera de rey Baltasar, pero esta vez me pintaron la cara con betún negro, aunque eso no impidió que mi hermano Jorge recelase de ese Rey Mago, pues la voz era inconfundible para él.
Recuerdo también muy especialmente que ese año había nevado de lo lindo, de hecho creo que estuvo unos días seguidos nevando sin parar, que yo aproveché para subir al Zugerberg con el trineo pequeño de mi hermano Jorge y pasar un día de bajar y volver a subir, que ya nunca más he podido disfrutar. Terminé cansadísimo y regresé bastante tarde a mi casa, como para no olvidarlo. Y viendo como estaba aquello de nieve, nos fuimos la familia entera al Zugerberg junto con Heri.
Heri, que era bético, y aunque en mi familia todos éramos sevillistas, le regaló a mi hermano Jorge camiseta, pantalón y medias del Betis, y así posaba con su correspondiente balón. A día de hoy, sigue siendo el único bético de los hermanos, entre tantos sevillistas, pero que vamos a hacerle.



























