Comenzaba el que iba a ser nuestro último año completo en Suiza, aunque aún no lo sabíamos nosotros los más jóvenes.
La Nochevieja había sido larga y como era habitual, nos levantamos tarde y tras ver en la televisión la programación de los saltos de esquí y también la conexión que hacía la televisión suiza con la televisión española, donde recuerdo que el presentador era José María Íñigo, terminamos con algunos de los dulces que iban quedando de todas las fiestas navideñas. Ya se habían incorporado Manuela y yo había vuelto con Heri de su residencia, donde había terminado de pasar la noche.
Y para probar los esquíes, nos fuimos no estoy seguro si a Stoos o a Ibergeregg, no lo recuerdo bien, pero no fue muy lejos de Zug, y allí echamos el día, aunque solamente se nos vea disfrutando con los trineos.
Al igual que el año anterior, la asociación AFEZ organizó en el local anexo a la iglesia de Baar la entrega de regalos a los niños españoles, y este año me pidieron a mi hacer de Rey Baltasar, el negro, y me pusieron una larga barba negra, y así estuve entregando algunos regalos, pero cuando llegó el turno de mi hermano Jorge, y aunque estaba bastante disfrazado para que no me reconociese, la verdad es que se quedó extrañado al oír mi voz que conocía tan bien. El caso es que entre dudas se acercó y me dio un beso, pero estoy seguro que en su cabeza habría dudas de quien era aquel rey mago.
Como se puede ver, todos los niños hasta creo los 10 años recibieron sus regalos y lo disfrutaron, mientras los padres disfrutaron de ese evento tomándose un refrigerio con viandas típicas españolas, pero aquello ya era un ambiente diferente, mucho más familiar, a lo que se había dado en el Centro Español en los últimos años.
Mi hermano Jorge celebró su 3er cumpleaños y nuevamente acudieron amigos y vecinos suyos y junto con su padrino Heri posó con todos los regalos que recibió, que aquello parecía una tienda de juguetes.
Y para terminar ese mes de febrero, se celebró a finales de mes en Baar el desfile de Carnaval. Por cierto que ir siempre a Baar y no quedarse en Zug tenía su razón, y era que en Zug en aquellos años no se celebraba ningún desfile, salvo el que hicieron los colegios, como he publicado anteriormente. Hoy si hay fiesta, pero la de Baar sigue siendo la más famosa del cantón de Zug, con sus “Räbe”, teniendo Zug más fama de música con los “Guggenmusiker”. La verdad es que ya nosotros los mayores no nos disfrazamos, eso lo considerábamos cosa de niños, o sea, de Jorge, Úrsula, José Luis y demás de su edad.






























