Y llegó la apoteosis, o sea, el frío, la nieve y el hielo. Desde mediados de Enero empezó a bajar la temperatura, estando durante muchos días entre -10 grados, llegando hasta -20 grados algunas noches, con lo cual a principios de Febrero llegó a helarse el lago completamente. Es lo que allí llamaron “Seegfrörni”.
Mi madre recuerda asomarse una mañana por la ventana y no saber si había perdido la cabeza o tenía visiones, eso es lo que ella nos contaba. Porque les decía a los demás que había visto alguien andando por el lago, y claro, aquello sonaba raro. Había que ser muy creyente para creer eso, así que le tomaron un poco el pelo.
Pero cuando bajaron al lago y se acercaron y vieron que, efectivamente, el lago estaba totalmente congelado, y había gente que ya se había aventurado a andar por encima, e incluso a patinar, no hubo manera de retener a nadie caminando por el hielo.
O sea, que a pasear, a hacer fotos, alguno a hacer el oso o el ganso y, como el frío da ganas de orinar, pues allí estaba yo haciendo de las mías, para variar.
Aunque yo también tenía mis momentos de tranquilidad, no os vayáis a creer, pero es que eran más divertidas las trastadas y gamberradas, y si era en compañía de mis hermanos, mucho mejor.
Pero como aquello es Suiza, rápidamente la policía del lago se convirtió en la policía del hielo y puso un poco de orden y control, porque aunque parecía seguro caminar por el hielo, no había que olvidar que el lago de Zug es uno de los más profundos de Suiza, alcanzando los 198 metros, y por donde andábamos fácilmente podía haber 40 o 50 metros. Y después existía el peligro de grietas que con esa superficie no era fácil de tener controlado. Así que, solamente se podía andar durante el día y cerca de las orillas, por si acaso. De hecho, a principios de Marzo un ciclista que volvía de Walchwil a Zug, por el lago, que también eran ganas, pues hay una carretera muy apañada, se cayó en una grieta a la altura de Oberwil y se ahogó.
Y con eso se acabó la diversión, porque a partir de ahí el lago empezó a perder parte de la capa de hielo y empezó a verse agua de nuevo, cosa que agradecieron los patos y supongo que los peces también, aunque la gente no tanto. Y ahí se acabó ese suceso, que desde entonces no se ha vuelto a repetir, es decir, el lago de Zug no ha vuelto a congelarse desde entonces, aunque si el de Ägeri varias veces, pero es que es bastante mas pequeño y menos profundo, y está a mas altitud.




















