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Dejamos Steinhausen y nos fuimos al Chalet Fridbach. El invierno de 1961 nevó mucho, como muchos años siguientes, y como podeis ver disfrutamos el trio como los niños que éramos, y aunque después cambió mucho eso de tanto nevar, pudimos seguir disfrutando de la nieve, del frio y del hielo. pero eso es otra historia. Ya entonces nos llamaban Zipi y Zape, así seríamos. Y nuestra hermana Eva siempre al lado.

La economía permitía hacer cosas y una de las primeras que hicieron mis padres fue mandar 2 abrigos de paño a nuestros primos de Málaga, que aquí posan con ellos. Además de poder comprar cosas que no había en España o eran muy caras aquí, o simples souvenirs, y las enviaban con el primero que venía de vacaciones a Sevilla. Como ejemplo, una postal avisando a nuestros abuelos del viaje de Ricardo.

También recibíamos los productos navideños típicos, como mantecados, coñac y anís, que allí o no había o solamente en tiendas de especialidades y a precios de «gourmet», y con ello se mantenía algo del espíritu navideño español, pero curiosamente celebrábamos mas la Nochebuena que los Reyes, como era habitual en Suiza.

Y cuando por fin nos mudamos al Chalet Fridbach, como era la última edificación que había al sur de Zug, en dirección a Oberwil, pues todo el campo era nuestro, tanto cuando estaba verde y lleno de flores, como cuando empezó a nevar. Por debajo estaba la nueva casa de la familia Gyr con su huerto y frutales, con sus albaricoques (con el hueso hacíamos un pito después de sacar el interior que estaba amargo como la hiel), uvas y mas cosas, y enfrente solamente teníamos una vaquería con sus correspondientes vacas, a las que alguna vez nos acercamos sin miedo, porque no hacían nada, mas que comer y cagar, pero nosotros nos creíamos que podíamos hacer uso de todo aquello, como si no tuvieran dueños, y la verdad es que nunca nos dijeron nada. Alrededor de la casa había nogales y avellanos, con sus frutos, encinas, olmos y robles, y también moreras, un paraíso vamos. Os podéis imaginar.

Y como no había columpio, pues nos fabricaban uno con un trineo. La verdad es que no sé como hemos llegado hasta aqui, como se suele decir, «pa habernos matao».

Suiza 1962_1

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El marcharse nuestra familia a Suiza fue porque en Sevilla había una filial de la fábrica suiza Landis & Gyr, llamada la fábrica de contadores, que estaba cerca de donde vivíamos en Nervión y, tras una entrevista y ofrecerle a nuestro padre un puesto de trabajo económicamente interesante, tomaron la decisión final de emigrar. Casualmente, al mismo tiempo emigraron también Vicente Díaz y Ricardo López, que se conocían de Triana, de la Hispano-Aviación.

Nuestro añorado y llorado hermano Pepe fue el que sufrió este cambio tan radical, pues él ya había comenzado el colegio en Sevilla (ver foto), y para colmo hasta el año 1971 en Suiza los cursos comenzaban en primavera, es decir, que cuando llegamos ya había empezado el curso, y ninguno hablábamos alemán o suizo, por lo que, además del aprendizaje en la calle jugando, tuvieron que ponerle un profesor para que aprendiese lo más rápido posible y se incorporase cuanto antes, pero se perdió casi medio curso, retraso que arrastraría durante algunos años.

Estuvimos viviendo en Steinhausen, en la calle Neudorfstrasse, durante 1961 y, salvo lo contado antes, yo pocos recuerdos tengo de esa estancia, tampoco dio tiempo a hacer muchos amigos, pero si pudimos disfrutar de los alrededores, verde y con mucha vegetación y algunos animales.

Ya a principios de 1962 le ofrecieron a nuestro padre mudarse al Chalet Fridbach, antigua vivienda de uno de los dueños de la fábrica donde trabajaba, la familia Gyr, con el ofrecimiento de que nuestra familia ocupara la planta primera, y en el resto de la casa vivirían otros emigrantes, y aunque mayormente iban a ser españoles, también hubo de otras nacionalidades.

Pero siempre bajo la tutela y supervisión de nuestros padres, mayormente nuestra madre, pues era la única familia española que había por allí en aquellos momentos. Ella, por su forma de ser y viendo el personal que iba viniendo, prácticamente se convirtió en la madre o hermana mayor de todos los jóvenes emigrantes que fueron llegando. Allí hubo españoles de casi todas las regiones, pero también italianos, franceses e incluso una sueca, una tal Larson.

Y aunque no era su obligación, allí creo que se comía lo que la «señora de la casa» hacía, fuera cocido, puchero, lentejas o paella. La sensación que nosotros, los pequeños, teníamos, era que estábamos rodeados de tíos y tías, y aquella era lo más parecido a una comuna que yo recuerde, pero en buen sentido. Aquello era una piña y siempre había algo que celebrar, que si un cumpleaños, que si un santo, que si era Feria en Sevilla, alguien nuevo que llegaba, incluso una despedida de soltero, y el espíritu español, sobre todo andaluz y sevillano se notaba.