Por fin nos fuimos de vacaciones, había que aprovechar bien las pocas semanas que había este año, a diferencia del anterior, pero no solo nosotros, también otras familias, como los Antón, que se marcharon a Mallorca, desde donde Begoña le envió a su amiga Eva una postal.
Nosotros fuimos como siempre a Sevilla, y desde allí nos fuimos a Málaga, y este año con más razón, pues mi primo José Eugenio iba a realizar el servicio militar que le había correspondido hacerlo en Almería, y después de disfrutar con él en las playas malagueñas, nos desplazamos a Almería, donde recuerdo haber estado por primera vez, y donde después de asistir a la jura de bandera en el campamento Viator, nos hicimos algunas fotos y nos dimos un paseo por esa ciudad, que entonces estaba muy mal comunicada tanto por carretera como por ferrocarril y se tardaba desde Málaga casi tanto como ir a Madrid. Como se puede ver, la moda ese año eran los pantalones de campana y la ropa colorida, a la que yo me apunté, y así hasta hoy.
La vuelta a Suiza fue esta vez en soledad, la familia completa, pero no como otros años en compañía de Heri y Manuela, en dos coches, porque ellos ya se habían vuelto, y donde yo siempre me apuntada a ir con ellos, pues había más sitio e iba de copiloto, manejando la música y tomando nota de todo lo importante del viaje. La ida la habíamos hecho por la costa de Barcelona a Valencia y desde allí en dirección a Córdoba, pero la vuelta fue pasando por Madrid para continuar hacia Zaragoza en dirección a Cataluña camino de Francia, donde tomamos la autovía en dirección a Lyon, y desde allí pasamos por el puerto de l’Ain, donde hay un monumento al maquis francés, ya camino de Ginebra, para volver a casa, a nuestros campos verdes, tan diferentes a los campos españoles, que estaban secos en verano.
Las obras del que iba a ser el futuro centro escolar con piscina estaban bastante avanzadas, y nosotros pensamos que ahí es donde iba a estudiar mi hermano Jorge, entre otros niños de su quinta. No sabíamos aún nada de los planes de nuestros padres, que ellos ya habían ido avanzando durante el veraneo. Lo cierto es que mi madre mejoraba mucho de sus problemas reumáticos en España, y sobre todo veían que nosotros íbamos creciendo, teniendo amistades suizas, y que podía suceder que más adelante no quisiéramos volver. La realidad era que mi hermana estaba tonteando con alguna que otra amiga y yo había empezado a salir con una chica del vecindario de nombre Rita, o sea que algo de razón tenían en sus pensamientos, pero nosotros no nos enteramos hasta terminar el año.
José Luis Garrido iba a cumplir su segundo año y para entonces ya estábamos todos de vuelta, pues es a finales de agosto, en concreto el día 29. Y ese año mis padres me regalaron mi primer radiocasete, un ITT Schaub-Lorenz RC2000, con micrófono extraíble, una gozada, con la que llegué a hacer múltiples grabaciones durante muchos años.












