Suiza 1966_4

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Nada más volver de vacaciones, comenzaba el colegio, casi siempre regresábamos el día antes de comenzar las clases. Este año, además, mi hermano Pepe se fue de inmediato a la excursión de una semana al Gottschalkenberg, desde donde mandó una postal, algo que los profesores pedían a los alumnos. En ese lugar en concreto había un burro que era español, al menos es lo que siempre nos dijeron.

En los colegios de Zug recuerdo que durante el curso había varios tipos de excursiones. Había la salida de 1 semana, donde varias clases del mismo curso o similares, es decir, 3º y 4º, o 5º y 6º, se iban a algún albergue juvenil o centro especializado en eso, durante la cual se hacían excursiones por los alrededores para entrar en contacto con la naturaleza, actividades deportivas, juegos, bailes, etc.

Después había una excursión de 1 día que iba cada clase por su cuenta a algún sitio, siempre educativo y, por último, una excursión de todos los curso de cada centro escolar haciendo senderismo, con comida incluida, que se preparaba por los mismos alumnos, normalmente los mas mayores, bajo la supervisión de los profesores, y que duraba desde la mañana hasta última hora de la tarde. Con todo eso, lo que se fomentaba era conocer y apreciar la naturaleza, y cuidar el entorno, pues desde entonces me ha quedado la costumbre de no dejar nada tirado en ningún sitio, ni campo, ni montaña, ni playa.

La rutina volvía y además de darnos una escapada a Zurich, nos juntábamos los últimos residentes del chalet, es decir, nosotros con los hermanos Garrido y Heri y Manuela, a comer juntos, seguramente para celebrar el cumpleaños de mi madre, que era a finales de Agosto. Y cuando llegaba algún cumpleaños, como era en este caso el mío, siempre aparecía más gente, antiguos habitantes, como los Flores, los Carranco, los López, etc. y eso daba lugar a cachondeo de todo tipo, de eso que no faltara.

Si mal no recuerdo, este año nos operaron a mi hermano Pepe y a mí de las amígdalas, es decir, nos las quitaron para evitar más recaídas con faringitis. Antes no se intentaban otros medios menos “drásticos”. Pero aparte de recordar el mal sabor que dejaba la anestesia, que fue total, sí tengo el buen recuerdo de los helados que nos dieron los días que estuvimos en el hospital ingresados, operación que nos realizaron en el hospital cantonal, que entonces estaba pegado al lago, cerca del Chalet.

Y, aunque nosotros no aparezcamos, pongo una foto de María José Villanueva, que casi no se ve, y sus primas gemelas, foto que seguramente le dio a mi madre Dolores Villanueva, como recuerdo.

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