Suiza 1967_3

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Ya estábamos en nuestro nuevo hogar, que ya no pertenecía a la comuna de Zug, sino a la de Baar, por pocos metros, y aunque echábamos de menos tanto la amplitud que había en el chalet, donde si bien teníamos nuestras habitaciones muy delimitadas, correteábamos por toda la casa como si fuera nuestra, y nos metíamos en todas las habitaciones, en el sótano y también en el soberado, donde había maletas y trastos diversos, y también echábamos de menos los alrededores que parecían no tener fin, con tantos árboles y tanto campo, y el huerto de la familia Gyr, de donde cogíamos los frutos que nuestras pequeñas manos alcanzaban (éramos unos pillos de mucho cuidado), tampoco se estaba tan mal.

Pero todo eso se había acabado, y aún tengo un recuerdo muy vívido de una maleta de Tellechea que había allí, llena de componentes electrónicos, transistores, relés, diodos, etc. que me encantaba trastear en ella. También recuerdo que me habían regalado una cobaya blanca, creo que incluso el año anterior, y en una salida al campo para que comiese las hierbas que quisiera, se metió en una tubería y por poco no la pierdo, pero mis padres no quisieran que me la quedara porque ya nos íbamos de allí, y la tuve que devolver.

La nueva casa era un pareado, donde nosotros ocupábamos un lado, y esa casita tenía un sótano bastante grande, y también un soberado adonde se llegaba bajando del techo una escalera plegable de madera, que a mí me encantaba, por lo que tenía de curioso y novedoso.  El interior era casi todo de madera, y aunque no era muy grande, como era solo para nosotros, era suficiente. Y los alrededores tampoco estaban mal, pues había bastante campo y arboleda para jugar y recuerdo mucho los erizos que solíamos encontrar en el césped. Y en verano nos dedicábamos a cazar grillos y saltamontes, que a mi hermano y a mí no nos daba miedo cogerlos y meterlos en una latita para soltarlos después y ver como corrían dando saltos como locos, una diversión para nosotros.

Y en los alrededores había muchos perales y manzanos, así que en cuanto podíamos nos dedicábamos a tomar algunas frutas y comernóslas, y además, detrás de las casas había como un pequeño bosque, adonde hacíamos algunas excursiones de investigación y descubrimiento, siempre había algo nuevo que nos llamaba la atención.

Y como era habitual, el curso escolar había terminado y el nuevo comenzó a finales de abril, y no recuerdo la razón, pero lo cierto es que se celebró una fiesta a lo grande en el colegio Kirchmatt, donde ya estábamos los tres hermanos, fiesta que concluyó con reparto de comida y  bebida a todos los alumnos. Y, como era habitual, nos hicimos las oportunas fotos con nuestros nuevos compañeros y maestros.

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